26 de diciembre de 2008

EL VALOR PEDAGÓGICO DE LAS MINIFICCIONES

por Sandro Centurión


Para aquellos que hacemos docencia literaria nuestro objetivo mayor es que los alumnos puedan disfrutar de la lectura de textos literarios de cierta complejidad y extensión. Sin embargo es una meta que pocas veces vemos concretarse sobre todo por el fantasma de la comprensión lectora que recorre toda la escolaridad del sistema educativo en la Argentina y en toda Latinoamérica, y que se vislumbra con mayor fuerza en el ingreso a la universidad. Son numerosos los estudios que dan cifras y porcentajes escalofriantes acerca de la falta de capacidad interpretativa de los alumnos y la escasez de razonamientos válidos que partan de una relación amena e inteligente con el texto.

Las causas, como en todo problema son múltiples y complejas, y pueden variar entre la falta de acceso a materiales de lectura, el poco o nulo entrenamiento, la influencia de los medios de comunicación, la falta de capacitación de los docentes en el tema, la falta de proyectos institucionales de lectura, etc. Me interesa más allá de analizar las causas ofrecer al colega, maestro o profesor de lengua y literatura apenas una idea para hacer frente al problema.

El trabajo con las minificciones no es abarcativa ni descarta otros proyectos paralelos que podría realizarse sobre la misma problemática sin embargo requiere de una mirada diferente e innovadora acerca de lo que es leer literatura.

Si nuestro objetivo como educadores es que los alumnos que asisten a la escuela secundaria sean capaces de leer una novela y disfrutar de ella debemos tener en cuenta en primera instancia que muchos de ellos no cuentan con estrategias de pensamiento lo suficientemente sólidas como para entender un texto de como mínimo 30000 palabras. Sobre todo debemos tener en cuenta, que en muchos casos, el hábito de la lectura extensa no está desarrollado y probablemente no se desarrolle en este momento de la vida escolar.

Se presenta entonces el cuento como una alternativa válida para ser trabajada en el transcurso de la escolaridad. Y efectivamente lo es, pues el cuento es quizás uno de los textos de mayor complejidad en cuanto a su producción y el efecto que espera suscitar en el lector y no siempre lo logra. Para leer un cuento se debe contar con una actitud y una predisposición diferente a la que podría requerirse para leer un texto de no ficción; lo mismo ocurre con la poesía. Los textos literarios día a día van perdiendo espacios en la escuela ante la invasión, necesaria o no, de textos de los medios de comunicación.

La diferencia fundamental entre estos últimos y los textos literarios radica en que no presentan una gran complejidad en su estructura ni en su contenido por los que puedan convertirse en un desafío intelectual para los lectores. Es más, la razón de ser de los textos que circulan en los medios de comunicación es que puedan ser entendidos por cualquiera con el menor esfuerzo posible. Basar la enseñanza sobre esta cimiente sería simplificar demasiado la cuestión y privar a los jóvenes de oportunidades que les obliguen a poner en juego procesos de pensamiento más elevados.

Las minificciones

Ahora bien, propongo una vuelta de tuerca más, propongo la lectura de textos que están en el límite entre la poesía y el cuento, y que además son tan breves que no requieren el tedioso fotocopiado pues pueden copiarse en la pizarra e incluso ser memorizados. Textos que a pesar de su brevedad ofrecen un grado mayor de complejidad tanto en la producción como en la interpretación, que un cuento largo e incluso una novela. Textos que resultan atrayentes y cautivan al lector en un desafío intelectual pocas veces logrado. Me refiero a las minificciones. Llamaré minificciones a un corpus de textos muy breves también llamados por diferentes autores como microrelatos, microcuentos, minicuentos, cuentos ultracortos, textículos, cuentos instantáneos, cuentos relámpagos, cuentos hiperbreves, etc.

Características de las minificciones:

* Extrema brevedad.

* Uso especial del lenguaje y el sentido.

* Necesidad de un lector activo que complete el significado.

Pueden citarse otras características sin embargo me parece que para el enfoque didáctico metodológico bastan con éstas tres.En cuanto a la extrema brevedad, es un ejemplo significativo la minificción de Augusto Monterroso "El dinosaurio".

Cuando despertó, el dinosaurio aun estaba allí.

De algo estoy seguro, si como docentes de literatura copiamos esta línea y les decimos a nuestros alumnos que en esa línea está escrito un cuento, por lo menos, llamaremos su atención y su curiosidad, dos requisitos imprescindibles para iniciar cualquier proceso de enseñanza aprendizaje.O que tal este otro de Gabriel Jiménez Emán:

El hombre invisible

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

La segunda característica que me interesa demostrar es el uso especial del lenguaje y el sentido. La polisemia y la prosa cuidada hasta de una manera obsesiva marcan presencia en un texto ultracondensado. Las minificciones no son para nada el resultado de un escritor inexperto o el fruto de un rapto de inspiración, detrás de unas pocas líneas hay un trabajo de búsqueda y selección de palabras que otorguen un nuevo sentido a la frase, un trabajo de resignificación del lenguaje y por ende una mirada diferente de la realidad. De allí, que su lectura y posterior análisis deberá rescatar esto como una herramienta fundamental en la construcción de un texto literario, característica que por otra parte comparte con la poesía.

La última característica se refiere a la necesidad de un lector activo que complete el significado, y es en ésta variable en la que sostengo la utilidad didáctica de este tipo de producciones literarias para la adquisición de la comprensión lectora. La minificción es en sí misma un fuerte interrogante acerca de la realidad y de la interpretación que hacemos de ésta. La ambigüedad y la intertextualidad están presentes en muchas ocasiones y sólo un lector atento podrá develar el enigma que subyace en ellas. Así, para la interpretación del sentido cobra fuerza todo aquello que el texto no dice y que cada lector agrega o rellena en el proceso de interpretación. Lo implícito, lo sugerido, y la posibilidad de leerlos a partir de pistas mínimas y/o de hipótesis de lectura resulta un desafío digno de ser vistos por docente y alumnos en una clase de lengua.

Por otra parte, las minificciones exigen una particular y especial actitud de lectura que sería bueno promover en los alumnos. El alumno que indaga, reflexiona, discute, cuestiona, y se sorprende de su interpretación y un docente que puede guiar y evaluar este proceso en poco tiempo y sin demasiado esfuerzo pues todo está a la vista en unas pocas líneas.

¿Por qué leer minificciones?

La pregunta que conviene que nos hagamos es ¿por qué no? Todo texto que ayude a los alumnos a formar estrategias de pensamiento es válido de primera mano, pues qué hacemos con nuestros alumnos si no les enseñamos a pensar. Desde luego que iguales estrategias de pensamiento podrían llevarse a cabo con textos más extensos y no me deshago de ellos, los tengo ahí expectantes para cuando mis alumnos estén con intereses intelectuales de leerlos. Por ahora me sirven estos textos, que por otra parte son tan cortos que no asustan a nadie. Entonces, tal vez les pase como a mí que tras largas sesiones tratando de develar el sentido de algunas minificciones los alumnos me dijeron "¿y si leemos un cuento más largo, que es más fácil?". Y entonces, ése será un momento propicio para introducir un texto largo, puede incluso ser uno que trate el mismo tema que el microrelato. De cualquier manera, las minificciones resultan demasiado tentativas en cuanto al desafío intelectual que proponen como para no dedicarles un tiempito en el aula.

El problema de leer lo que no está

¿Qué es leer? es al menos un acto sumamente complejo en que lector y texto interactúan. En esa interacción necesaria ambos, lector y texto se transforman tomando y enviando información.Un lector inexperto, o uno poco habituado a prácticas lectoras complejas es incapaz de poner en juego esta interacción. Lee pero sólo aquello que está escrito en la superficie del papel, decodifica, suma letras y palabras y hasta lo hace con suficiente habilidad como para tener una lectura fluida. Sin embargo, la comprensión real está ausente. En las minificciones es poco lo que está escrito y esto salta a la vista y así también la obviedad de que debe haber algo más, algo que el autor no dijo pero que está ahí y el lector no lo está notando. En ese momento se plantea el desafío cognitivo por develar aquello que no está a la vista y que sólo un experto lo notará. Esto también se da en los textos extensos pero al haber gran cantidad de palabras a la vista el lector inexperto tiende a creer que todo está dicho, allí en ese montón de palabras sobre la página, demostrarles lo contrario se torna entonces un desafió del docente que lucha contra lo obvio: como puede ser que en todas esas páginas el autor no nos haya dicho todo.

Los precursores

Actualmente son muchos los escritores que cultivan el género del cuento hiperbreve sin embargo es bueno aclarar que esta modalidad es muy antigua. Borges y Bioy Casares hicieron una interesante recopilación de microrelatos en dos libros importantes: “cuentos breves y extraordinarios” y “Antología de la Literatura Fantástica”. Vale un ejemplo:

El sueño de Cuang TzuChuan-Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. (1889) de Herbert Allen Giles.

Entre otros podríamos citar a Cortazar en Historias de Cronopios y de famas, a Ramón Gómez de la Serna, al mismo Macedonio, a quien muchos consideran el creador de los microrelatos modernos. También está Augusto Monterroso mundialmente conocido por su microrelato "el dinosaurio".

Entre los contemporáneos tenemos a Juan José Arreola, a Ana María Shua, Norberto Costa entre otros. Y entre los escritores del interior el genial Orlando Van Bredam, cultivador y maestro de las minificciones.

En síntesis, las minificciones se han consolidado en el tiempo como un género propio de la narrativa contemporánea y quizás se deba a su atractivo intrínseco que rompe con los preceptos de la narrativa clásica.

Las minificciones y el desarrollo del pensamiento

Tomemos como referente de análisis el tan mentado microrelato de Monterroso “el dinosaurio”, ¿qué pistas le ofrece al lector para poder deducir la historia que subyace en esas pocas líneas? Pues lamentablemente muy pocas o ninguna. Y es justo allí donde radica su originalidad creadora. Esa oración es sólo el catalizador que generará en cada lector una historia propia y por ende diferente. La historia, el cuento que Monterroso quiere contar, no está en el papel sino en la mente de cada lector.

Para dar con la historia el lector debe plantearse interrogantes como ¿Quién despertó?, ¿dónde es allí?, ¿porqué está allí?, entre otras cuestiones, y debe responderlas. El lector inexperto se quedará con el planteamiento de los interrogantes que obviamente no se responden con la información explícita en el texto. Por el contrario, el lector experto construirá sus propias hipótesis para dar respuesta a esos interrogantes. Sin embargo no lo hará a través de una deducción enteramente lógica y racional sino a través de del pensamiento creativo, a través de su capacidad de imaginar realidades acordes a lo planteado en la idea disparadora y sus conocimientos previos. Creará un mundo de personajes y conflictos para satisfacer su curiosidad insatisfecha con la información presente en el microrelato. Así pues, el lector de minificciones es un lector que piensa a través de la imaginación, empleando el hemisferio derecho de su cerebro, un lector que construye y reconstruye realidades que lo satisfagan intelectualmente. Estas representaciones serán tan complejas según la cantidad de asociaciones pueda establecer con sus conocimientos del tema, del mundo, y de la cultura.

¿Qué hacer con las minificciones

Ante todo leerlas que es lo importante. Pues estoy convencido que con exponer con cierta frecuencia a los alumnos a este tipo de textos se favorecerá la curiosidad intelectual y por ende la comprensión pero sobre todo ayudará a romper moldes fuertemente establecidos entorno a lo que es la literatura y lo que implica leer un producto artístico. De ahí en más podemos hacer lo que queramos con ellas pues la brevedad ayuda a que se pueda focalizar el trabajo sobre distintas dimensiones: la comprensión, las palabras, la sintaxis o la producción.

Algunas ideas al respecto:

Acerca de lo dicho y lo no dicho.

Leer una minificción y en un cuadro de dos columnas separar todo aquello que el texto dice de todo lo que no dice. Podríamos agregar una tercera columna para todo aquello que no dice pero que nos damos cuenta.

Una variación de esta actividad podría ser la elaboración de interrogantes de lectura y la posterior elaboración de hipótesis que respondan a las preguntas planteadas. También pueden compararse varias minificciones para encontrar temáticas comunes o con textos más largos.
Trabajar la intertextualidad.

Acerca de las palabras

Leer una minificción y señalar palabras clave. Fundamentarlas.

Definir las palabras a partir del significado cotextual.

Clasificar las palabras según su importancia en la historia.

Trabajar la ambigüedad y los efectos de sentido de las palabras de la historia.

Acerca de la sintaxis.

Leer una minificción y analizar la construcción sintáctica de las oraciones que componen el texto. Al ser pocas las oraciones del texto permite ver en funcionamiento la sintaxis que cobra fuerza e importancia en la asignación de sentidos. Se pueden trabajar conceptos acerca de la construcción de oraciones simples, compuestas, coordinación, subordinación, oraciones impersonales. La elisión del sujeto marca su impronta en muchos microrelatos.

Acerca de la producción

No es osado pretender que nuestros alumnos puedan escribir minificciones. Aunque no debe caerse en la tentadora creencia de que sólo son unas pocas líneas y cualquiera lo puede hacer. Al margen de esto pueden realizarse actividades de conversión y transformación de textos. Por ejemplo convertir un cuento breve en una minificción (actividad propicia para trabajar los procedimientos de síntesis) o bien la actividad inversa, convertir una minificción en un cuento breve (empleando procedimientos de ampliación). También se puede pedir a los alumnos que escriban minificciones a partir de oraciones extraídas al azar de cuentos, novelas, poesías, noticias, avisos, recetas, etc. Son innumerables las actividades de producción que se podrían realizar para lograr que los alumnos jueguen con el sentido de las frases y puedan escribir de manera correcta unas pocas líneas.

Para finalizar cito a Alejandro Dumas "Todo cabe en lo breve. Pequeño es el niño y encierra al hombre, estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento; no es el ojo más que un punto y abarca leguas".


Ponencia presentada en el marco del II Encuentro de Egresados en Letras de la Universidad Nacional de Formosa. Octubre de 2007

DEFINICIÓN DE NARRACIÓN ORAL ESCÉNICA


CIINOE. ciinoe@hotmail.com
Se autoriza la difusión sin fines comerciales por cualquier medio.


La narración oral escénica, creada por Francisco Garzón Céspedes desde 1975 y denominación aceptada a nivel internacional, es la renovación del antiguo arte de contar oralmente y es la fundación de un nuevo arte oral escénico contemporáneo, un arte esencialmente comunicador, al ver por primera vez este creador a la narración oral artística desde una oralidad entendida desde la propia oralidad y no desde el centrismo de la escritura; al ver por primera vez a la narración oral desde las ciencias de la comunicación de masas y no sólo desde la expresión; y al ver por primera vez a la narración oral desde las leyes generales de la escena (en aquello que éstas pueden adecuarse a la oralidad para dimensionarla), pero no desde las del teatro (y rehuyendo el centrismo de lo teatral).

Francisco Garzón Céspedes ha afirmado igualmente que el nombre más preciso sería oralidad narradora artística escénica, dado que lo esencial es la oralidad; una oralidad que narra; una que trasciende lo conversacional interpersonal para ser oral artística en un espacio oral escénico y con un público interlocutor; y una que, de las tres únicas corrientes de lo oral artístico (corriente comunitaria o de la tribu, corriente escandinava de contar exclusivamente para/con niños en las bibliotecas y en las aulas, corriente oral escénica), se constituye en oral escénica.

Igualmente Garzón Céspedes ha advertido del riesgo de intentar adecuar la realidad y las definiciones a los intereses creados; de intentar adecuarlas a los deseos y prácticas profesionales de ése o aquel; y del riesgo de aceptar acríticamente las definiciones y conceptualizaciones establecidas en el pasado, cuando el desarrollo, las investigaciones, los avances científicos del presente demuestran que son erróneas, así por ejemplo no deben seguir siendo confundidas las tradiciones orales (que como todo lo que es oral no admite la memorización tal cual, entre más, por ser la oralidad la comunicación por excelencia) con las tradiciones memorísticas; ni deben seguir siendo confundidas las tradiciones orales con las tradiciones cantadas (del mismo modo que hoy, por ejemplo, como es lógico todos diferenciamos cuento oral de canción que narra una historia). Y lo haya definido quien lo haya definido en el pasado equivocadamente. Si de continuo no detectáramos errores en las ciencias, en todo, nuestro universo sería otro y no el que es en continua transformación y con continuas reformulaciones.

El propio Garzón Céspedes pone el mayor énfasis en señalar que durante años se equivocó no en las teorías y en las técnicas, pero sí al decir que la narración oral escénica era un arte escénico y que era parte de la categoría expresiva de las artes escénicas, cuando por ser oralidad la narración oral escénica no es escénica en sí, sino oral escénica (expresivo comunicadora, comunicadora por excelencia), y pertenece a la oralidad artística y a la oralidad como categoría de la comunicación.

Desde los comienzos el teatro cuenta, y cuenta no sólo desde lo dialogado sino también desde lo narrativo específico (no desde lo oral narrador), pero esto no significa que el teatro (verbal, vocal, gestual expresivo escénico teatral) sea en sí oralidad, ni significa que cuando el teatro cuenta sea oralidad narradora artística escénica o narración oral escénica. Añadir que el cuentero de la tribu fue primero que el actor. El actor que cuenta desde el teatro es un actor que cuenta teatralmente y por mucho que se autodenomine narrador oral escénico sólo podrá serlo si llega a contar oral escénicamente y no teatral escénicamente. "Contar" es un genérico. También cuenta, por ejemplo, el cine: cuenta cinematográficamente.

Tampoco quien ha contado cuentos con excelencia desde la declamación ha sido o es un narrador oral escénico, ni constituye un antecedente de la narración oral escénica por más que se intente demostrar o sugerir esto en función de ésos o aquellos intereses. Quien lo haya hecho primero escénicamente (contar cuentos declamándolos, haciéndolo desde lo expresivo literal) tiene otros méritos que, si procede, deben ser, por ejemplo, insertados y reconocidos en el desarrollo de lo declamativo teatral, reconocidos en los aportes a la declamación y el teatro.

(…)

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