30 de marzo de 2012

PC



Cuando levanté el puño por enésima vez sobre el cuerpo objeto de mi crimen, hubo una fracción de tiempo en que vi mi designio y la suerte de mi víctima. Sólo que al verme con el brazo izquierdo levantado, comprendí que no era mi decisión optar por la vida o la muerte. Asesté el golpe final y desde entonces no se volvió a tener un PC en casa.©

RITUALES



Desde que una vez escuchó “Que te parece si dejas de ser el analfabeta de mi piel y te aprendes mi cuerpo de memoria”, comprendió que todo rito calma angustias en los terrenos de la incertidumbre.©

INCÓGNITA



Pero ¿A quién se le pudo ocurrir que una ciudad fuera levantada entre dos continentes y separada por dos mares, para que cualquiera de sus habitantes pueda ir más lejos; aún más lejos, hacia lo desconocido?©

SOY BELLA...



Cuando entré preservada por estrictas medidas de seguridad en aquella sala de espera, produciendo un gran impacto por mi singular belleza y seguida por el vuelo de mi cabello al andar, la gente no pudo evitar hacer comentarios por culpa de las inspiradoras miradas y las palabras atrevidas e insinuantes de los hombres. La irritación de las mujeres no se hizo esperar cuando notaron que mis acompañantes iban de azul camuflado y mis delicadas muñecas estaban atadas por relucientes esposas. Soy Bella, la reclusa del penal municipal.©

28 de marzo de 2012

MICRORRELATO: ¿LITERATURA O DIVERTIMENTO?

Narrativa o entretenimiento; democratización o vulgarización de la literatura. Denostado por pocos y defendido por la mayoría, el microrrelato está de moda y las redes sociales tienen mucha culpa.

por CRISTINA MARTÍNEZ

Hace días que llueve a cántaros. Y la gata se comió el último grillo que nos mantenía despiertos. "Estas 18 palabras proporcionaron a María Soledad Uranga los 7.000 euros del Premio Internacional de Microrrelatos Museo de la Palabra en 2010. Es decir, 389 euros por cada uno de los términos que la autora utilizó para contar esta pequeña historia. Puede parecer exagerado o una exquisitez narrativa. El caso es que el microrrelato, término que por cierto no está reconocido por la Real Academia de la Lengua, se ha convertido en una opción literaria tanto para escritores como para lectores en una sociedad en la que prima la inmediatez, la escasez de tiempo y, sobre todo, el acceso a las nuevas tecnologías móviles. Y es que leer en un dispositivo electrónico mientras se va en autobús o en un momento de descanso en el trabajo ha propiciado que la brevedad se valore como un preciado bien: una historia que empieza y acaba en, como mucho, dos párrafos de texto. Llega el fin y se pasa a otra cosa, no hay continuidad ni hilo argumental que retomar.

Si el término es nuevo, no se puede decir lo mismo del género. Es cierto. Ya en la Edad Media hay muestras de esta práctica y autores del XIX y XX incluso hacían competiciones para medir su ingenio. Lo que ocurre es que ahora, en este momento, la situación es la más propicia para que haya subido como la espuma. Han salido autores por todas partes y medios; blogs que dan las coordenadas necesarias para que alguien se convierta en un "microrrelatero" de pro y que ofrecen la posibilidad de publicar tus textos; concursos literarios de este género, el de mayor dotación y mencionado antes, con 7.000 euros para el ganador, y también, muchos lectores ávidos de consumir menos pero más a menudo.

"Es una forma de animar a la gente a escribir y de manera muy accesible, algo que es de agradecer en estos tiempos". Lo dice el catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante Juan Antonio Ríos Carratalá que ve en la falta de tiempo uno de los secretos de su auge. "Es difícil conseguir que un lector pase mucho tiempo consumiendo una obra literaria, así que si disfruta cinco minutos pues es bueno, lo ideal es que tenga curiosidad por esa literatura, que por otro lado no es nueva. Todo el siglo XX está lleno de ejemplos de autores que lo utilizaban, incluso Jardiel Poncela hablaba de la necesidad de ser breve como obligación".

Los alicantinos Rosa Pastor y Bruno Francés son escritores y, entre otras cosas, escriben microrrelatos. Pastor ganó el II Concurso Internacional de Microrrelatos del Museo de la Palabra de Quero, dotado con 7.000 euros, con La sopa. "Yo creo que tienen el mismo valor literario aunque no tiene el mismo trabajo ni la misma estructura, pero hay que transmitir en dos frases una historia con un par de personajes, una trama y un desenlace que debe ser sorpresivo, que es lo que a mí me gusta y lo que me estimula como escritora". Considera que esta "moda" se debe por un lado a la dificultad del autor para publicar y por otro a la "facilidad que te proporciona para hacerlo Internet porque la sensación de que te lea alguien es fundamental" y además te ofrece "el espejismo de que eres escritor y, bueno, a mí me parece bien".

Bruno Francés, ganador del Concurso de Microrrelatos de INFORMACIÓN con Qué mujer, achaca a las nuevas tecnologías su auge. "Lo veo como literatura porque es contar una historia, aunque más cercano a la poética que a la narrativa". En su opinión, "su difusión es más por la red, no lo veo en soporte de papel". En cuanto a su escritura, cree que "hay que saber sintetizar, que suene bien y que sea una historia, y la dificultad es mayor". El problema es que "yo he leído muchos y la gente suele caer en la anécdota en vez de contar una historia, porque se piensa que vale todo. Todo el mundo es bueno para dar sus ideas, pero no todo el mundo es escritor".

Como literatura sin dudar lo define el también catedrático de la UA Miguel Ángel Lozano, "aunque no es nada nuevo". En su opinión, "es un género estimable porque no importa la extensión, importa la solidez del texto, que puede ser de cinco líneas o de quinientas páginas". Además, importa que aquello "irradie sentido, que sorprenda o por el ingenio o por la capacidad lírica. Una frase ingeniosa es buena literatura".

Premio Nacional de Literatura en 2000, entre otros galardones, y poeta, Guillermo Carnero lo tiene claro. "Es el resultado de la falta de tiempo; hoy es muy difícil leerse En busca del tiempo perdido de Proust o La comedia humana de Balzac". Ahora la gente lee "a salto de mata" y el microrrelato "para un lector es algo inmediato y para un escritor puede ser el germen de un relato largo o de una novela".

"Es el cuento más pequeño que se puede escribir, cuanto más pequeño mejor, y lo que tiene que hacer es impactar al lector". Rafael González, escritor y jurado en el concurso de microrrelatos que organizaba la UA, cree que "tienen que ser una imagen, una impresión y por eso me gustan". "Es un género que tiene que ver con esta sociedad fugaz que apenas nos deja tiempo para detenernos y un microrrelato te sacia, mientras que leer un capítulo de una novela te deja con ganas de más".

Al escritor Mariano Sánchez Soler, que también ha sido jurado del concurso de la Universidad de Alicante, le gusta este género. "Existe en toda la historia de la literatura, pero lo estupendo ahora es que Internet y los medios de comunicación han dado salida a esta vertiente literaria; Hemingway tienen algunos increíbles, incluso había apuestas entre escritores en los años 30 y 40". Afirma que "hay gente que piensa que la novela del futuro se parecerá más a un guión cinematográfico", por eso el microrrelato tiene este auge "porque la literatura se ha hecho imagen y en el microrrelato está la necesidad de transmitir cosas y emociones de forma inmediata".

Para el también escritor José Luis Ferris, "es una manera de hacer lectores; hay mucha gente que ha entrado en la literatura por los microrrelatos que son pequeñas cucharadas de lo que es la literatura, pero cucharadas intensas". En su opinión, responden a la sociedad actual "que tiene como factor esencial la prisa, y estos textos los puedes leer en el autobús".

Microescritores

Una de las puertas que abre el microrrelato es la de la socialización de la tarea del escritor. Todo el mundo se siente como tal porque parece un género fácil de elaborar. Ríos Carratalá afirma que "tengo la sospecha de que hay más escritores que lectores ahora mismo; todo el mundo puede escribir, que tenga más o menos difusión es lo de menos, lo importante al final es que la gente tenga contacto con la literatura y que cree algo, en un microrrelato, en un tuit o en una novela". Sin embargo, "lo que observo es que bajo el epígrafe de microrrelatos hay frases, greguerías, anécdotas y para que sea un microrrelato tienen que tener una historia, con planteamiento, nudo y desenlace".

Para Lozano, "eso ha pasado siempre porque yo me he encontrado gente que se pone a escribir poesía y es un fracaso, aunque él no lo crea, pero no es eso lo que constituye su sentido". El hecho es que "al ser breve puede parecer que la escritura es más fácil y eso puede incitar a que la gente lo haga".

"Esto también pasa con la poesía o el teatro express o los monólogos cortos", afirma González. "Para escribir una novela de 300 páginas no todo el mundo se siente capacitado, pero un microrrelato todo el mundo cree que puede hacerlo, aunque es más una moda".

Sánchez Soler se muestra a favor de que la gente "lea y escriba". Otra cosa es "ir más allá en la literatura, algo que conlleva mucho esfuerzo". "Cuando se democratizan determinadas ocupaciones, se masifica y luego hay que distinguir entre lo bueno y lo malo". "Lo que es cierto es que nunca se ha escrito tanto como ahora, gracias a Internet, los mail, Facebook y Twitter, lo que ocurre es que una cosa es escribir como pasatiempo y otra que te lo plantees como algo complejo porque a escribir se aprende escribiendo y leyendo".

"Gente que sabe que en su vida no va a publicar una novela tiene la oportunidad de ser escritor por un día", afirma Ferris, "aunque no todo el mundo que escribe tiene que ser escritor", pero ahora "hay una democratización absoluta de la expresión literaria, luego serán los lectores los que mostrarán si eres bueno o no".

El tamaño no importa

Uno de los temas de debate en torno al microrrelato se centra en su calidad literaria y la dificultad de su escritura. "La brevedad a veces es más exigente que la extensión", dice el profesor Ríos Carratalá. "En este género, un escritor necesita autoexigirse mucho, es como cuando un director de cine tiene que hacer un anuncio, hay que ser muy preciso".

Miguel Ángel Lozano destaca la utilidad de este género para mejorar el uso del lenguaje. "Tienes que expresar un pensamiento y para ello tienes que buscar las palabras exactas y eso es un trabajo de habilidad, de conjugar unas palabras con unas ideas". Al escritor, "le obliga a pensarlo, a releerlo, a retocarlo... es un ejercicio literario muy meritorio para su desarrollo".

Carnero asegura que "si hay poemas en prosa ¿por qué no va a haber microrrelatos? En la medida en que la brevedad signifique intensidad me parece que está bien porque eso aproxima este género al poema en prosa". Considera que "puede ser una convergencia de la poesía hacia la prosa, es una cuestión de extensión y el concepto de literatura no está relacionado con la extensión porque puede haber literatura en una línea y no haberla en 20 volúmenes".

Para Rafael González este género no es fácil, "porque quintaesenciar algo y causar una emoción es lo más difícil que se puede hacer, por eso no hay tan buenos poetas como poetas dicen que son, ni tampoco tan buenos autores de microrrelatos como ellos creen". Y es que "para el autor es un ejercicio de estilos y de síntesis literaria, cuando está bien hecho claro, porque incluso Monterroso tiene algunos buenos y otros no. Casi me parece más complicada y laboriosa la síntesis que la extensión".

Sánchez Soler cree que "es muy difícil porque tienes que coger la esencia literaria" y destaca que "una cosa es escribir y otra hacer literatura, que es la propia opción del autor de leer y escribir mucho, de complicarse la vida, de investigar y de querer transmitir algo", porque un microrrelato "no es una cosa cortita con pocas palabras, tiene que contar una historia y tener ese aspecto de incluir lo que se dice pero sin decirlo".

"Es un macroesfuerzo para hacer una microhistoria porque es muy difícil condensarla en tan poco espacio, incluso hay grandes escritores que no saben hacerlo", afirma José Luis Ferris. En su opinión, "la lengua se ha degradado mucho, pero es verdad que en el momento en que cuelgas algo en la red te van a bombardear si tienes fallos y eso hace que la gente esté aprendiendo mucho a nivel lingüístico".

La red como editorial

La proliferación de blogs y la ventana "editorial" de Internet ha facilitado sin duda la difusión y proliferación de autores y de lectores. En este sentido, Ríos Carratalá considera que es un género ligado a las redes sociales. "Es muy fácil difundir los textos y publicarlos, pero no hay que ser apocalíptico en este sentido sino admitirlo como algo del presente porque se puede hacer una novela de 500 páginas y al mismo tiempo escribir microrrelatos; también el lector tiene ahora esa opción de elegir qué quiere o qué puede leer, el problema sería si la gente dejará de leer normales en el estilo clásico por leer microrrelatos, pero creo que eso no sucederá".

Lozano coincide en la facilidad de publicar en la red. "Ahora es muy fácil tener la difusión de un microrrelato y la eficacia está en que lo lees en un golpe de vista, lo abarcas enseguida y como acto de espontaneidad psicológica pues hace que se lea".

Las redes sociales, para Rafael González, "democratizan mucho pero el talento por desgracia lo tienen unos pocos y nada más, y con el tiempo quedarán los microrrelatos, novelas o poemas que sean buenos, las que no lo son, pasarán al olvido".

Sobre este tema, el escritor Mariano Sánchez Soler afirma que es la revolución tecnológica "la que ha propiciado esto" porque influye en su proliferación la facilidad con que se puede "publicar" en la red. "Ahora la literatura se ha hecho movimiento, rapidez y eso tiene mucho que ver con la juventud y su forma de entenderla".

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