1 de diciembre de 2012

EN TORNO A ULISES




ULISES


Sus días eran eclipses, sus noches: blancos. El insomnio fue siempre un puerto, el proyecto vital un barco. Sueño de los ojos que se sueñan divisando Ítaca y los prodigios. El nunca se percató de ese manto; sus ojos un día se curvaron como las olas en el horizonte sin fin y sin principio. Un día soñó que lo soñaron: se levantó, entró a la Ilíada y sigue recalando en los puertos fantasmas del presagio.
Jennie Ostrosky. No. 102, Abril-Junio 1987. Tomo XVI – Año XXIII. Pág. 155


LA ODISEA


A Ulyses lo tentaban los últimos modelos sports nausica, Calipso, Circe, pero la tentación nunca llegó a dominarlo por completo. En realidad, permanentemente, aún en plena carrera en las autopistas de la época, añoraba a Penélope, el sedán cuatro puertas negro, motor de pocas revoluciones, no muy gastador de combustible y de larguísima duración.
Ariel Méndez. No. 102, Abril-Junio 1987. Tomo XVI – Año XXIII. Pág. 154


ULISES


La verdad es que tras oír el canto de las sirenas Ulises enloqueció. A causa de su descomunal demencia abandonó los paradisíacos placeres que le ofrecía el mar y regresó junto a su esposa, a quien la abstinencia y las malas lenguas, también, habían enloquecido.
Sandro Centurion. 2008. http://leadespacio.blogspot.com/



SILENCIO DE ALCOBA

Sépanlo bien, escribanos: No cantamos para él porque nos difamaron diciendo que olíamos a pescado, que formábamos tropel entre las causas perdidas, igualándonos con las suripantas, ¡ja! ¿Que Ulises nos poseyó ingeniosamente para ya no volver a nuestro lecho? Ensueños de marino en alta mar y patrañas de poeta.

Si supieran. Ulises apenas desembarcó, se quedó dormido por cansancio. Contó luego por ahí que se amarró al mástil mientras le untaban cera en el caracol de los oídos y ordenaba a su tropa marinera que no lo dejaran atracar en esta ínsula de playas apacibles y remansos de mar si el vórtice de nuestro canto lo atrapaba, infundios que luego propaló ladinamente entre sus rapsodias aquel poeta invidente y con él, ustedes.

Sí, apenas salmodiamos para aplacar su sueño de náufrago a la deriva. Y según la buena palabra de la nereida bicaudal que lo velaba, dormía agitado, lubricado por la esposa tejedora, Penélope, el nombre que susurraba en su descanso de alcoba silente.

Antes de volver a su barco, desvaneció con agua dulce el sudor agrio, las costras de sal adheridas a su torso y su imberbe barba pilosa.

El testimonio de sus libros apenas recoge esos infundios de marinero célibe.

Javier Perucho. Microrrelatos inéditos que forman parte 
del libro Anatomía de una ilusión.



LA SIRENA INCONFORME

Usó todas sus voces, todos sus registros; en cierta forma se extralimitó; quedó afónica quién sabe por cuánto tiempo.

Las otras pronto se dieron cuenta de que era poco lo que podían hacer, de que el aburridor y astuto Ulises había empleado una vez más su ingenio, y con cierto alivio se resignaron a dejarlo pasar.

Ésta no; ésta luchó hasta el fin, incluso después de que aquel hombre tan amado y deseado desapareció definitivamente.

Pero el tiempo es terco y pasa y todo vuelve.

Al regreso del héroe, cuando sus compañeras, aleccionadas por la experiencia, ni siquiera tratan de repetir sus vanas insinuaciones, sumisa, con la voz apagada, y persuadida de la inutilidad de su intento, sigue cantando.

Por su parte, más seguro de sí mismo, como quien había viajado tanto, esta vez Ulises se detuvo, desembarcó, le estrechó la mano, escuchó el canto solitario durante un tiempo según él más o menos discreto, y cuando lo consideró oportuno la poseyó ingeniosamente; poco después, de acuerdo con su costumbre, huyó.

De esta unión nació el fabuloso Hygrós, o sea “el Húmedo” en nuestro seco español, posteriormente proclamado patrón de las vírgenes solitarias, las pálidas prostitutas que las compañías navieras contratan para entretener a los pasajeros tímidos que en las noches deambulan por las cubiertas de sus vastos trasatlánticos, los pobres, los ricos, y otras causas perdidas.
Augusto Monterroso


LA TELA DE PENÉLOPE O QUIÉN ENGAÑA A QUIÉN

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.
Augusto Monterroso.


LA BÚSQUEDA

Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.

Edmundo Valadés



EVIDENCIA

Penélope comprendió que Ulises no regresaría cuando se escarchó el último de sus besos.©
Guillermo Arnul Castillo Ruiz

SUBTERFUGIOS

Estas líneas te las envía tu esposa Penélope a ti, Ulises, que tanto tardas. No sea que visitas a Helena o acaso asedias a Calipso olvidándote de mi cuerpo. Ya sé que la patria necesita de sacrificios, pero no los asumas para servirte de ellas.©
Guillermo Arnul Castillo Ruiz



LA MIRADA DE ULISES


Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas. 



Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo 



volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color 



como un extraño cúmulo de algas 


en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues 

mínimos de la piel 

se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran 

esa franja turquesa del mar que acuna islas, 

medusas de amatista, blancura de navíos. 

La piel es vertedero de memoria 

lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos 

extrañamente verdes de repente dibujen 

empapados de luz 

un boscoso archipiélago perdido. 
Aurora Luque 

*** 

Yo conocí al griego Ulises. De regreso a su hogar, una tormenta lo había sacado de curso y su barco había naufragado finalmente en las costas de La Habana. Sin documentos que avalaran su nacionalidad lo confundieron con un cubano más. Era ya un anciano, pobre y harapiento. Había perdido toda esperanza de volver a su hogar; sin embargo siempre estaba dispuesto a enseñar a los isleños el difícil arte de construir balsas. Si no fuera por él jamás habríamos escapado de la isla. 
Sandro Centurion. 2009. http://leadespacio.blogspot.com/

*-*

Cuentan que Ulises , harto de prodigios, lloró de amor al divisar a su Ítaca verde y humilde. El arte es esa Ítaca de verde eternidad, no de prodigios.
Arte poética, Jorge Luis Borges




ÍTACA



Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Konstantíno Petrou Kávafis

 (En griego Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης. Alejandría, Egipto; 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) fue un poeta griego, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.

Lluís Llach

Joan Manuel Serrat

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