14 de febrero de 2015

SENTIR LATINO III



Sólo Tofiño, con su involuntario temblor se concentraba en escurrir la última gota escondida en la cuarta botella y la joven mesera, por su parte, me inducía a ir más allá de lo que mi ebria imaginación podía, al consentirme recorrer con cien ojos sus curvas vehementes. Ella, sabiendo de lo que era dueña, volvía a sonreír después de una susurrante pregunta: “¿Desea algo más?”. 

Cuando las rezongas, los variados análisis y los nervios se acrecentaron más, Leonel Álvarez, recuperó una pelota en terreno propio y se la entregó al “Bendito Fajardo”, quien recorrió gran parte de la cancha para luego asociarse, por primera vez, con el Pibe Valderrama una, dos veces en tan solo unos segundos. Luego que recibiera, esta vez, el balón cruzado del Pibe; Freddy Eusebio Rincón, un negro macizo y fornido, arrancó por el costado derecho del estadio Giuseppe Meazza. Lo fue llevando un par de veces con su pie derecho para luego patear suave y sutil, bajo las piernas de Illgner, el portero alemán. Nadie daba crédito a lo que estábamos presenciando, Rincón, con su boca abierta, corría gritando, moviendo sus brazos, poniendo a celebrar a todo un país. Gerardo y mi persona hacíamos lo propio para confundirnos en un solo abrazo, mientras Tofiñito comenzaba de forma inconsulta la quinta cerveza a grandes sorbos en forma rápida y sucesiva por el fuerte deseo de beber más allá de su control o hasta que su compulsión fuera gratificada. Era el triunfo moral más valioso, el más sufrido. No solo porque clasificó a Colombia a octavos de final por primera vez, sino porque fue el mejor paliativo para mitigar tanta tristeza y tanta congoja juntas. Realizada la hazaña, todos aplaudimos saltando de las sillas, para alivio del alma y como exorcismo contra toda conjura.

-Vámonos; ya nos emborrachamos, ya nos “canaliaron” y nos dejaron pelados -dijo Gerardo- ¡Pero, empatamos, hermano! –Agregué con furor-.

Hoy, 19 de junio, 24 años después, y por coincidencias de la vida, Colombia, realizó una nueva hazaña al vencer a Costa de Marfil con un cabezazo de James Rodríguez tras un cobro de tiro de esquina de Juan Guillermo Cuadrado haciendo temblar el estadio Mané Garrincha de Brasilia. Sin duda, era un día especial por el hecho también de cumplir años; aunque mi amigo Arley, sostenga que por arribar a cierta edad, uno ya no se debe festejarlos, sino conmemorarlos. Ocurridas esas gestas, ahora es cuando recuerdo que ese día se escuchó en el bar la voz de Rubén Blades cantando:
 
Si tú crees en tu bandera y crees en la libertad: ¡Prohibido olvidar!



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Crónica escrita con motivo de mi participación en los Laboratorios de Escritura (LA-ES, Nodo Sur: Popayán. 2014) organizados por el Concurso Nacional de Cuento para promover la narración creativa.

Publicada en la revista Forma Pedagógica No. 8 Universidad del Valle Sede Guadalajara de Buga. Diciembre de 2014. ISSN 2011-3358

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