30 de julio de 2016

ANIMAL DE COMPAÑÌA

Henry González Torres. Ilustrador
Mi gato siendo un animal de compañía, es una contradicción por la naturaleza al preferir a ciertos individuos que a otros congéneres suyos. Mi gato, cuando hace sus desplazamientos es porque algo le llama la atención y lo pone en estado de alerta. Cuando esto sucede, su espalda se tensiona al colocarse en paralelo con el suelo. Entonces a medida que su tensión va en aumento, su cuerpo sufre notables espasmos.

Mi mascota inicia aquel ritual, dando varias vueltas alrededor de la jaula donde permanece su víctima. Se tumba en el suelo mientras la felpuda cabeza gana altitud para aumentar el campo de visión. Entre tanto, la cola se aproxima y se aleja con un leve movimiento en la punta y las patas traseras dobladas indican que en cualquier momento iniciará su arremetida. Todo está calculado para atacar ante un nuevo estímulo.

Por mi parte, me he puesto a salvo. Todo mi cuerpo descansa sobre las puntas de mis pies apenas visibles. Mis músculos tensos, están petrificados por el miedo que van in crescendo hasta manifestar evidentes temblores, aun así, mi cuerpo se redondea dentro de la hermética jaula.

Aunque a mí gato no le gustan los enfrentamientos directos, prefiere evitarlos. Sin embargo, hoy ha decidido que no tengo escape y se prepara enseñándome sus 18 garras. Todo un arsenal.

Vistos los dos, la postura corporal del gato es totalmente contraria a la mía. Mi gato, ante mis desmesurados ojos, es más grande de lo que realmente es. Sus patas se han estirado más de lo calculado para permitirse arquear el lomo y ser mucho más alto de lo que soy. El pelo, erizado, contribuye a esta sensación, a pesar de mostrarse de perfil como un gesto de engañosa sumisión.

Sé que todo en el gato está pensado para poder realizar su actividad favorita, la caza. Por eso me mira con sus ojos apenas visibles entre las sombras. Mueve de un lado a otro la cabeza, calcula con más certeza la distancia del salto necesario para abatirme como la presa que soy.

Su cuerpo se tensa y sus pupilas se dilatan. Cuando lo tenga todo claro, saltará sobre mí, su presa. Con sus dientes me dejará inmóvil de un solo mordisco. Estoy enjaulado y sé que terminaré como insecto en la telaraña de mi propia pesadilla como la única forma de mi lucidez.©Guillermo Castillo.

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