14 de abril de 2013

SIN TÍTULO



Soñó con dominar el arte de contar, así el influjo de la imitación fuera una sombra al acecho. Tenía una fe ciega, no en el reconocimiento público, sino en el propósito de su ambición. Recordó, que no debía escribir sin saber con qué absoluto designio lo haría de principio a fin. Entonces comenzó a escribir, cuando una luminosa idea relumbró en su mente. Veinte años después volvió a intentarlo, pero regresó a su mano aquel temblor irreversible del síndrome de la página en blanco.©

2 comentarios: