2 de noviembre de 2013

SIN MENTIRAS


El viejo estaba colgado, llevaba allí la eternidad de un instante ante los ojos atónitos de la recién llegada. El niño, impaciente, va a su encuentro y tras haber juzgado que algo faltaba para terminar el juego, pregunta a su mamá que si puede hamacar al abuelo.

–No, hijo, primero he de saber quién lo ahorcó.©

3 comentarios:

  1. Wow..!! cruel..! pero refleja la magnitud de la inocencia del niño. Saludos!

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  2. Muy bueno, la eternidad del instante, haciendo de las suyas con los ojos de un niño.

    Un abrazo.

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  3. Hola Guillermo, gracias por seguir mi blog, lo poco que aun he visto del tuyo me ha encantado, asi que con tu permiso te he enlazado desde el mio para estar al dia. Un saludo.

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