2 de noviembre de 2013

SIN MENTIRAS


El viejo estaba colgado, llevaba allí la eternidad de un instante ante los ojos atónitos de la recién llegada. El niño, impaciente, va a su encuentro y tras haber juzgado que algo faltaba para terminar el juego, pregunta a su mamá que si puede hamacar al abuelo.

–No, hijo, primero he de saber quién lo ahorcó.©

VOYEUR


Encantado, él la seguirá hasta la puerta y, después de entrar, se asomará a través del ojo de la cerradura por donde verá únicamente oscuridad. Será más tarde cuando se enterará que los fantasmas suelen resplandecer.©


Notícula: A falta de limón para la tinta invisible, 
seleccionar con el botón izquierdo del ratón desde la la palabra "suelen".