24 de diciembre de 2017

ESO

Google

Siempre rezo: antes de entrar y salir de mi casa. Es más, no dejo de persignarme cuando paso de una habitación a otra porque en cada habitación de la casa, hay un santo con ojos de siervo degollado. Rezo el rosario por las tardes cuando mi madre enciende la televisión para escuchar a una monja regordeta y camandulera como sacada de las pinturas de Botero. ¡Si ustedes supieran lo que es tener miedo! Rezo cuando me despierto a media noche porque me da miedo pensar que si grito, me va a salir eso que siempre se esconde detrás de las puertas y de mi armario. ©Guillermo A. Castillo.

3 comentarios:

  1. Los terrores de los niños, cuánto pesan. Me resulta doloroso cómo nos reímos de esos miedos, religiosos en muchos casos. Producen pesadillas diurnas también, como bien reflejas.

    Muy buen texto. Me ha encantado. Un abrazo

    ResponderBorrar
  2. De acuerdo, Albada, muchas de esas pesadillas que tuvimos, fueron inducidas como mecanismo de control, que fueron motivo para avergonzar a quienes las tenían.

    ResponderBorrar
  3. A eso nos exponemos cunado perdemos la cordura.
    Saludos y éxitos desde la distancia .

    ResponderBorrar