8 de noviembre de 2014

REMEMBRANZA




Unas gotas. Caen unas gotas de cristal en mi ventana. Llueve. Oigo que caen sobre los charcos ya desbordados. Tengo un nuevo libro, y uno, quizás dos recuerdos de mi padre en mi cabeza en un intento por trocar mis horas de hastío. Los diligentes empleados de la compañía prestadora de energía cortaron la luz y está oscureciendo. Sigo leyendo al lado de mi ventana, escucho caer las gotas de lluvia. Estoy a punto de cerrar el libro; he llegado a las últimas páginas mientras cae la noche. En cada línea escrita mis ojos se abren bajo el fulgor del final. Ya deben ser las seis. Seguro ya son las seis, alguien llama a la puerta; cada vez más fuerte golpean, resoplan, me llaman. La lectura parece interrumpirse. Trato de volver a la mejor parte del libro. Es mi última página. Vienen por la cuota acordada por la compra del libro. Eso es. Seguro que vienen a cobrarme el libro El olvido que seremos.©

2 comentarios:

  1. Hay libros que no se pueden acabar, por si en ello nos va la vida.

    Buen relato de la angustia ante el final, cualquier final...

    Un abrazo

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  2. Sí, Albada, es la angustia existencial ante cualquier final.
    Otro abrazo para ti.

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