9 de julio de 2016

ALLÍ ESTABAN

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El hombre se contuvo. Su enumeración de veinte pasos había acabado. Se volvió. El pálido maestro de ceremonias dio la señal y tanto el uno como el otro fueron adelante. Su adversario quiso detenerse, pero al final, disparó; la bala surcó el viento y estalló en el vientre del hombre.
—¡Agggh! —rugió aquel, y se arqueó hacia adelante, hincó su mano en la hoja de papel y tragó saliva—

Aún pueden oírse aquellas imprecaciones en el viejo manuscrito.©Guillermo Castillo.

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