2 de octubre de 2016

SERENDIPIA

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Otra vez se encontraba frente al espejo. Las imágenes se alternaban entre las luces y sombras de su habitación, mientras en cada pose suya iba descubriendo por casualidad detallitos que no estaba buscando. Presa del pánico, increpó la osadía de la luna en la pared, gritó su inconformismo, replanteó la posición de su cuerpo, y agudizando la mirada volvió a echar un vistazo.

Caminó ofuscada por el apartamento. Tras desahogarse, un halo de esperanza la reconfortó; se plantó en silencio ante él, despacio se colocó de lado sin tensionar la quijada y el hombro más cercano al espejo ligeramente levantado. Luego, transfirió el peso de su cuerpo a una sola pierna y con una inflexión de esperanza para ella el cristal reflejó su figura entre las mismas luces y sombras y le preguntó:

—¿Vuelves a insistir?
 ©Guillermo A Castillo.

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