4 de agosto de 2018

MALOS NEGOCIOS


Corregimiento de La Habana, Buga
El viejo Manuel y su mujer se subieron al bus y como pudieron se sentaron estando el vehículo en marcha.
—¡Córrase pa´ya que a mí no me gustan los rincones! —desaprobó su mujer que a duras penas se agarraba del asiento. 
—Vicente, ¿vos por aquí? Preguntó Manuel al hombre que iba a sus anchas en el lugar de los músicos.
— Así es don Manuel, ¿y usted para dónde va?
—Vamos para Diostedé.
—¿Vive allá?
—No. En Guadualejo. ¿Y usted qué, Vicente?
—Ahí.
—¿Y tu hermano Daniel?
—Allá en Guadualito, haciendo nada.
—¿Y tu otro hermano… Milciades?
—Ese se echó a perder.
—¿En serio, cómo así hombre?
—No volvimos a saber nada de él.
—¿Qué va, y eso?
—Los malos negocios.
Los dos hombres guardaron silencio porque hay calores que la sensatez prende y que no existirían sin el riesgo que avivan.
 ©Guillermo A. Castillo

6 comentarios:

  1. Esos temas que mejor no tocar, porque son fuegos que siguen ardiendo bajo las cenizas aparentes.

    Muy bueno. Un abrazo, desde España

    ResponderBorrar
  2. Cuanta gente se fregó por los malos negocios

    Abrazos

    ResponderBorrar
  3. Por la ambición o por echarle zancadilla a los demás.

    Saludos ingeniero.

    ResponderBorrar
  4. Esas cosas que la prudencia recomienda no atizar...
    Un saludo.

    ResponderBorrar
  5. Don Alfred, muchas gracias por su comentario, espero no sea el último. Saludos.

    ResponderBorrar