9 de enero de 2016

CÓMPLICES


Después de preparar el café y de haberle dado de comer a sus mascotas, Alejo partió en dos la cortina de la ventana y volvió a la cama. Era el último día de sus vacaciones. Mirando lejanías, se quedó pensativo en medio de la semioscuridad. Cuando regresó a la realidad la vio, estaba de medio lado y con la pierna izquierda doblada. Vista desde otro ángulo, podía asegurarse que tenía las piernas abiertas sin ningún pudor.

Alejo, la acarició primero con la miraba; después y abstraído, recorrió con sus grandes manos su inerme pierna, pero sus dedos se adelantaron para hurgar entre sus nalgas y la humedad de su sexo. Agradada por la habitual suavidad de aquellas manos, un recóndito suspiro se hizo escuchar para terminar en una sonrisa aún dormida.

Sí, aquí está, pensó, siendo más que mi cómplice.©GuillermoCastillo.

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