24 de febrero de 2018

EXÓTICAS


Sus siluetas pintadas se quedaron en mis sueños. Pero ellas, blancas y morenas, se quedaron por distintos senderos sosteniendo con disimulo mis miradas en silencio.©Guillermo A. Castillo.

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Esa tarde en la ciudad hacía un calor intenso, calor de tierra sedienta, calor de tierra desposeída. El detenido sacó su pañuelo y se secó el rostro mientras escuchaba el sonido jadeante de su respiración producto del fallido intento por ocultarse.

El vendedor ambulante, saludó de forma amigable al joven. Aproveché la ocasión cuando me di cuenta que el hombre esperaba poder abordar un bus que lo llevaría fuera de la ciudad. Por su forma de hablar comprendí que se trataba de un tipo al que podía hacerle contar varios Bolívar sobre Santander, es decir, sacarle unos buenos pesos.

Cuando lo interrogué, el detenido aseguró que había sido estafado al serle vendida una mezcla extraña de hojas de hierba y flores. Todos los presentes en el interrogatorio, incluido el inspector de policía, se rieron en forma desentonada del detenido al escuchar el informe policial.

Marihuana era lo que yo esperaba comprar, pero no fue así. Al parecer es mierda de caballo, ¿no? ¡Me robaron todo el billete! En la calle me salió ese tipo para venderme lo que no era, algo me decía que por ese precio no debía decir que sí. Pero ese man me vendió el paquete premiado y mire usted en lo que he terminado.

El periodista encargado de la sección judicial del noticiero del medio día, lo interpeló de forma directa: ¿Usted vende mariguana? No, yo sólo consumo. ¿Si me entiende? El detenido, en su declaración afirmó que aceptó hacer el negocio porque le aseguraron que era de la mejor y a buen precio.

Como buen vendedor le vi la cara de marihuanero ansioso pero, apenas lo vi dudando, pensé que cada segundo transcurrido era en contra mía, así que le garanticé que se trataba de la buena y al mejor precio.

Al verme la cara de campechano, me imagino que dijo: Éste es el mío. Cuando menos pensé, yo estaba corriendo porque repentinamente el tipo ese me mandó a desaparecer del lugar lo antes posible. Fue cuando decidí subirme a bus sin estar autorizado. Allí comencé con disimulo a fumarme el primero, fue cuando me di cuenta de la vaina.

El inspector, para evitar cualquier suspicacia, sometió la mercancía al análisis químico establecido en la Ley. Al practicarse la prueba oficial se informó que no se trataba de alucinógeno alguno. Informado del resultado, el detenido insistió en decir que se sentía estafado. Me siento robado, insistió el detenido. Pues sólo quería fumarme un cigarro e irme en el siguiente bus, pero me salió un gran pelotón de caballo. La policía, sin embargo, afirmó que no es el primer caso que ocuree, pero que en este tipo de situaciones no hay denuncia alguna, por lo que a nadie se le puede juzgar por estafa.©Guillermo A. Castillo.

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