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El adivino, de finas maneras, después de colocar las nueve cartas del tarot le persuadió para la buena suerte que se despojara de su más preciado apego. La mujer, sin dudarlo, se despojó de su ropa y acto seguido le preguntó al escandalizado constructor de imposibles si permaneciendo sólo en ropa interior, la suerte le sería propicia.
El hombre, repuesto de su sorpresa le dijo que eso sería posible si se cambiaba sus ordinarios cucos amarillos que la competencia, de manera irresponsable, recomendaba para casos de extrema urgencia. Niña, primero el gusto y después el susto.©2015.