por María Pérez | Madrid

En la antología, editada por Páginas de Espuma, ha reunido casi 200 microrrelatos, muchos inéditos. Son la última muestra de lo que hoy perpetran 115 autores españoles y latinoamericanos, tanto consagrados (Ana María Shua, José María Merino, Luis Mateo Díez, Andrés Neuman o Juan Pedro Aparicio, entre otros) como jóvenes (aún) desconocidos. ¿Es este desarrollo de la microficción lo más relevante del panorama literario? "En España sí, o, al menos, lo que más despierta mi interés", asevera Obligado.
La escritora da, con esta antología, el paso que sigue a la recopilación 'canónica' con la que en 2002 dio fe en España del 'boom' del nuevo género, 'Por favor, sea breve'. Textos de Borges, Cortázar o Monterroso se mezclaron entonces con otros de la generación que recogía el testigo y tendieron puentes entre las dos orillas hispanoablantes del Atlántico.
Desde entonces, ha aparecido una "numerosa generación de buenos autores", cientos de 'hormigas' -referencia a un microrrelato de Juan Ramón Jiménez- que son capaces de expulsar -y no sólo de la portada de la recopilación- al viejo dinosaurio del celebérrimo microrrelato de Monterroso, del que ya andan "algo cansados".
"Hay una nueva generación que ha crecido leyendo microficciones", cuenta Obligado, y la diferencia se nota.
El microrrelato se ensancha: ocupa nuevos temas (guerra, ecologismo, vampirismo) y se hibrida, hasta tocarse con la poesía o dar a luz a especímenes como el microteatro de Javier Tomeo.
'El microrrelato es hijo de internet', afirma la escritora Clara Obligado
El género, sin embargo, aún no ha encontrado un nombre fijo (ficción súbita, nanocuento, microficción o hasta testículo) ni extensión límite: una página, propone la autora.
"El microrrelato es hijo de internet", sentencia Obligado. "La imprenta de Gutenberg produjo la novela, y la red ha producido el hiperbreve. El microrrelato está en los blogs, las creaciones se cuelgan al mismo tiempo que se elaboran" o se transmiten por SMS, cuenta la autora de cuentos, novelas y ensayos.
El castellano, asegura, es la lengua donde el microrrelato brota con más fuerza, por la tradición que arraigó en Latinoamerica. Los países más potentes son México, Colombia, Argentina y ahora también España. "Cuando hice la primera antología, me costó encontrar españoles, ahora hay muchos y muy buenos", comenta.
Las editoriales siguen, sin embargo, sin apoyar el género. "Las comerciales nunca apuestan por algo muy nuevo, para eso hay que encontrar casas como Páginas de Espuma. De hecho, espero que siga así, porque si se empieza a trabajar con las microficciones como con la novela, el género estaría muerto".
¿Puede contar lo mismo un libro de microrrelatos que una novela? "No, un microrrelato no puede contar cosas que sí puede una novela, pero una novela no puede contar cosas que cuenta el microrrelato: un destello, una flecha que se clava en una diana".
Obligado no se para ahí, habla de otras propuestas rompedoras que ya están aquí: mezclar música y texto, internet y papel. Sentencia: "La crítica dira que no es literatura, pero nos importa un bledo".

Esta anotación de Valente me lleva a pensar en el microrrelato, en su imprescindible duración, claro, pero también en su necesaria profundidad, características necesarias para que sea completo y no corto. Para que ningún lector pueda pensar que el texto se ha quedado corto, en el mismo sentido que se usa coloquialmente en castellano, pues implica carencia, no haber cumplido todo el cometido y no haber apurado toda la sustancia.
...
Pienso ahora en los microrrelatos de Los males menores, de Luis Mateo Díez, y me parecen breves, nunca cortos, aunque sí duraderos y profundos. Como hubiera dicho Juan Ramón Jiménez, tienen "la abundancia justa". De eso se trata, en esencia.
* La foto de Valente, en su casa de Almería, es de Luis Matilla. http://nalocos.blogspot.com/2011/09/microrrelatos-cortos-y-microrrelatos.html
Las manos aguardan temblorosas,
son hojas de nobles gestos
que olvidaron su lucha con el viento.
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