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Cuando la mesera me trajo la cuenta me sorprendió. Me explicó que totalizó todas las tardes que estuve esperando a aquella mujer que nunca apareció. Entonces fue cuando pensé en ella, en su inexplicable ausencia y en su mirada profunda y enigmática. No negué la cuenta, la pagué al salir. He pagado cada factura con el convencimiento de que cada café lo degusté junto a ella. ¿Cuánto hace que se fue? Eso no tiene ningún valor.©2015.
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