Mientras tenía
ese temblor involuntario se pasaba la lengua en un intento por empaparse con
saliva sus resecos labios. Pensando que comprándole una fracción de lotería nos
libraríamos de él y de que seríamos dueños de la más esquiva de las fortunas
nos
decidimos por uno de aquellos. Fue entonces cuando Tofiño, nos pidió que le recompensáramos
con una “minifalda” para brindar con nosotros.
Como el fútbol es el único deporte donde todo
hincha es un analista autorizado, le insistía a Gerardo que lo mejor que podían
hacer los muchachos de Colombia era seguir intentando tener más posesión del
balón, que le permitieran elaborar nuevos avances hacia el área teutona. Cuando
todo apuntaba a un empate sin goles, a dos minutos de terminar el partido,
Alemania anticipó un ataque colombiano, sus volantes se asociaron para
habilitar a Pierre Littbarski, que no pudo ser controlado por “El Chontico”
Herrera. Su remate de pierna izquierda entró por el palo derecho de René
Higuita que no pudo hacer nada para detener el fuerte disparo. A un minuto del
final Colombia se despedía en primera ronda de su segundo Mundial. El destino
parecía estar escrito: el empate no estaba cerca. La suerte estaba echada para
unos y en contra para otros. Por su parte, el lotero vivía su propio drama:
transpiraba profusamente, temblaba más de cuenta sin poder dejar su constante
ansiedad al comprobar que la cuarta cerveza se le había esfumado.
Ante nuestros ojos aparecieron más copas de
ron y una cerveza sin haberlas pedido cuando resucitadas voces de aliento se
dejaban escuchar por doquier. Ese día el fútbol, para nosotros tenía que ser,
aunque por instantes, un hecho vital capaz de revivirnos entre tantas noticias negativas
que desdecían de la historia del país. Pasar a octavos de final en aquel
campeonato, nos devolvería la esperanza. Sólo se necesitaba de un momento de
lucidez, pero ella hacía rato había desaparecido, todo parecía haberse
derrumbado, Sólo Cheo era el único cantaba: Mi
tierra linda, porque te quiero, a ti te canto mi son sincero… Gózalo, gózalo…
Las incoherencias y ofuscaciones nuestras
iban en aumento, siendo aprovechadas por Tofiño para iniciar una nueva cerveza por
ser el portador de la buena suerte, estrella de la que habíamos comenzado a
recelar. El calor y el consumo de minifaldas iban en aumento. Las verdes
botellas iban y venían, mientras la mesera merodeaba sin dejar de darnos como
limosna encubiertas risitas.
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