4 de diciembre de 2008
20 de octubre de 2008
MI VALLE DEL CAUCA


















Esta es mi tierra bonita
mi tierra preciosa
mi Valle del Cauca
(BIS)
Al centro Tulúa,
Buga que es miel,
al norte Cartago y Obando
Buenaventura en el mar
Cerca a Palmira: Florida
Amaime, El Cerrito
un pueblo andaluz
Pradera junto a Candelaria
Ginebra, La Paila, El Dovio y Zarzal
Sevilla, Cachimba, Restrepo
Versalles, El Cairo, Guachín de Ceila
Roldañillo, Bugalagrande
Dagua, La Cumbre, Yotoco, El Salao
Por Yumbo se mete uno a Vijes
cerca a la montaña está Toro y La Unión
y cómo olvidar La Victoria, Darién, Caicedonia,
Anserma y Guacarí
Y entrando al sur
por Jamundí: Valle del Lilí
dominando el plan
ay mi Cali
Esta es mi tierra bonita
que embriaga mis sueños
con tantos parajes
y al desprevenido horizonte
en cualquier momento lo vuelve paisaje
Esta es mi tierra bonita
jardín que brotó de la naturaleza
riendo entre dos cordilleras
que celosas protegen mi tierra preciosa
Y quedó oliendo a café
quedó sabiendo a guarapo
con rico sabor de caña
el Cauca dejó la montaña
(BIS)
Dando vida a mi tierra bonita
Dando nombre a mi tierra preciosa
Coro
Mi Valle del Cauca
Mi Valle eh!
Que te abre el corazón
Que hoy se convierte en canción
Olvidando tu dolor
Coplasmando su verdor
Junto con los rayos del sol
llamando a todos la atención
Motiva mi inspiración
Esa mujer canela que das
Tal si fuera Santa Ana
Mi mujer vallecaucana
Y quedó oliendo a café
quedó sabiendo a guarapo
con rico sabor de caña
el Cauca dejó la montaña.Letra y música: Grupo Niche
18 de octubre de 2008
NOSTALGIAS DE UN PERIÓDICO



Se dice que nada podrá pesar el poder que oculta una palabra, ni su capacidad de seducción, ni su fuerza cuando emana de los recuerdos descansados. Siendo estudiante universitario, en una de las primeras asignaturas de la licenciatura que en ese entonces cursaba, era requisito final elaborar un periódico. Gracias a esa exigencia nació Arlequín, quien en últimas, resultó ser el mejor entre los que se elaboraron a nivel de los Centros de Interacción Académica y Social de la Universidad del Quindío.
Desde entonces quedó arraigado ese germen del pensamiento escrito. Esto es, el personal, cuando va ligado a nuestra propia condición de ser; y el segundo, cuando es capaz de insertarse en la colectividad. Este segundo punto de vista es el que nos impulsa a descubrir las inmensas posibilidades de evidenciar la capacidad que tienen nuestros estudiantes de expresarse desde su aparente y minúscula experiencia de la vida.
Fue así como en pleno auge de las Competencias Básicas que se deben desarrollar durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, un grupo de inquietos y entusiastas profesores convenimos hacer un periódico que fuera el auténtico vocero de la entonces Unidad Docente Manuel Antonio Sanclemente.
Nuestra rectora Rosa Matilde Uribe, Lila; Camilo Gómez, María Consuelo Osorio, Zoraida Saavedra, Jesús Andrés Medina, hijo y asistente personal de Lila, y yo, nos pusimos como tarea este ambicioso proyecto. Así nació M. A. S. VOCES (ese fue el nombre que sugerí y así se llamó). A este grupo de correctores de textos, diagramadores, redactores, caricaturistas, diseñadores… se unieron masivamente las otras voces, las de nuestros educandos de todos los grados con entusiasmo, con sus poemas, con sus propias historias y dibujos. Todo siendo producto de ser capaces de reconocerse en los diferentes niveles de desarrollo de las competencias básicas, de ser competentes en el uso comprensivo de esos elementos de significación, es decir, de poner en práctica todo aquello que adquirieron e interpretaron significativamente y, por supuesto, ser capaces de explicar su uso a partir de argumentaciones, puntos de vista y juicios, entre otros.
Como todo proyecto cultural, este también arrancó con su único presupuesto, consistente en las muchas ganas de hacerlo bien y cada vez mejor. Así transcurrieron el 0, 1, 2… Siendo efectivamente cada número mejor que el anterior. Era “un auténtico faro para el lector atento”, como dijo alguna vez Francisco Casavella, hablando de Jonathan Swift, maestro de la alegoría humorística y la sátira.
Demasiadas cosas pasaron y que no son del caso aquí nombrar, pero se cumplió el fastidioso dictamen del envidioso: “Ningún periódico escolar pasa del número uno”. Comentario inoportuno y dañino que multiplicó su efecto, siendo todo afín y magnífico. Pero quisimos ser la excepción, financiarlo mediante la venta de avisos.
Tal vez no resultó algún interesado o no fuimos suficientemente estrategas en mercadeo, lo cierto es que de dos números no pasó, a pesar de nuestras ganas, principalmente la de nuestras niñas, niños y jóvenes por verle aparecer de nuevo. En definitiva, las circunstancias no dependen de las ganas que tengamos, son mucho más uniformes de lo que se puede imaginar de buenas a primera.
Hoy en día nuestros vecinos “desean algo que nosotros tenemos, o tienen algo que nosotros deseamos, y ambos luchamos hasta que nos quitan lo nuestro o nos dan lo suyo” advirtió el insigne autor irlandés que nunca se permitió la banalidad. Tal vez vendrán otros, mejores o peores, pero nos quedó la satisfacción de haberlo hecho bien y con hartas ganas.
Gracias Lila, tu apoyo y entusiasmo fue definitivo, gracias compañeros, esta obligación moral de reconocer un trabajo me hace atenuar esta nostalgia de un periódico que no fue de ayer, será de siempre.
22 de junio de 2008
EL “NOVÍSIMO” GÉNERO LLAMADO MINICUENTO
El escritor colombiano Harold Kremer da pautas sobre un género literario que ha sido considerado menor, sin embargo, esta opinión está muy lejos de la realidad. Hay minicuentos memorables. Su elaboración es todo un reto para el escritor, que debe contar una historia redonda en muy pocas líneas y ahí está el arte para saberlo decir e impactar desde el principio.
El minicuento retoma el símbolo y la metáfora y en él es clave la participación del lector. Esta es una mirada a un género maravilloso que puede tener múltiples desarrollos.
Harold Kremer es un conocedor como pocos en Colombia del tema, pues desde hace años realiza una revista, la única en Latinoamérica, dedicada al minicuento. Ha publicado, además, libros que son antologías nacionales e internacionales y que posibilitan acercarse con detalle a los nombres, títulos, historias, que hacen parte de este universo rico que se renueva cada día y que en Colombia cada vez llama a más escritores.
Un artículo que también puede sembrar polémica. Algunos pensarán que son otras las características del minicuento. Aquí va.
El relato que en Colombia llamamos minicuento, en México se llama cuento brevísimo o cuento ultracorto, en Argentina minificción, en Estados Unidos relato súbito, en Chile microcuento, en España micro-relato y en Venezuela lo llaman, simplemente, cuento breve o cuento corto. Otros lo llaman “relato enano”, “textículo”, “microficción”, “cuentos en miniatura”, “cuentos brevísimos” y muchos otros calificativos que coinciden en señalar su principal esencia: la brevedad.
Estos diferentes nombres, incluso en una misma lengua, nos hablan de un género cuyos orígenes se remontan al Lejano Oriente, pero que se popularizó en Hispanoamérica en el siglo XX, y que sólo a finales del mismo logró un espacio propio, aún en construcción. Alabado por unos y despreciado por otros, el minicuento es considerado la “summa” de la literatura y, al tiempo, un género menor, poco serio y de fácil elaboración.
A lo largo de los siglos, el minicuento ha aparecido en cosmogonías, novelas, libros de ensayos y de entrevistas. Hesíodo, François Rabelais, Pedro de Alarcón, William Faulkner, Virginia Woolf, Graham Greene, Jorge Amado y muchos otros, sin proponérselo, incursionaron en este género que, agazapado, esperaba nuevas épocas para su reconocimiento.
En Hispanoamérica su precursor es Rubén Darío. En Colombia, en 1903, en el libro Notas humanas, el antioqueño Alfonso Castro, publica una serie de nueve pequeños cuadros, nueve textos cortos que, según nuestro criterio, son los primeros minicuentos que se publican en Suramérica. Luego vendrá, en 1917, el mexicano Julio Torri; en 1926 el colombiano Luis Vidales, con su incomprendido libro de minicuentos Suenan timbres, y en 1927 el chileno Vicente Huidobro, sin olvidar que el primer gran cuentista colombiano, don Efe Gómez, publicó en la revista Cirino, en 1921, un minicuento titulado “El gallo”. Luego en los años cincuenta y sesenta algunos escritores como Adel López Gómez, Jorge Zalamea, Cepeda Zamudio, Jorge Gaitán Durán y Manuel Mejía Vallejo publican algunos cuentos que bien caben en este género.
El minicuento es cercano al cuento y la poesía. Del primero toma la brevedad, tensión, armonía y la dedicación a un sólo asunto o tema. Esta brevedad que implica necesariamente la totalidad de una forma narrativa del relato, y en la que también está presente un lenguaje preciso, sin ripios, es llamada modernamente minimalismo y consiste en que el minicuento “debe ser capaz de expresar, a través de lo mínimo, la infinita complejidad del ser humano”.
De la poesía retoma el símbolo, la imagen, la metáfora, y es más cercano al haikú que a la poesía clásica porque su propósito es buscar el “instante inconmensurable” que acontece como revelación y cuya sustancia es el asombro.
El minicuento, para acercarse a su naturaleza minimalista, debe apoyarse en elementos implícitos más que explícitos, para disparar evocaciones e imágenes comunes a todos los seres humanos. Es decir: el lector es obligado a participar en la construcción de la historia utilizando, muchas veces, sus propias vivencias. Y todo esto porque el minicuento es comprimido (acaso una página o página y media, a doble espacio) y debe desplegar todos los recursos posibles para lograr imágenes y situaciones precisas.
Un minicuento, como cualquier cuento, debe permitir el levantar su historia, desde el acontecimiento más antiguo hasta el más reciente. Si el nivel de la historia cojea, el relato también cojeará porque un cuento literario es sobre todo una historia donde el narrador despliega, en el nivel del relato, decisiones narrativas de cómo contarla.
Por esa razón si un minicuento carece de historia no es un minicuento; puede ser otra cosa, quizás un poema, una divagación, un apunte, una imagen, una reflexión o esbozos existenciales. Para ilustrar todo lo anterior traigo a colación el siguiente minicuento:
Reencuentro
La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él hizo lo mismo. La siguió a corta pero discreta distancia, y luego de algunas cuadras la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.
–Todo fue un sueño –le dijo–. En un sueño nada tiene importancia.
–Depende de quién sueñe –dijo la mujer–. Este también es un sueño.
Luis Fayad (Colombia)
Historia
1. Leoncio sueña que ultraja a una mujer.
2. La mujer sueña que se encuentra a Leoncio en un bus y hace que lo siga.
3. La mujer, con una pistola, lo enfrenta.
4. Leoncio reconoce a la mujer y le dice que en un sueño nada tiene importancia.
5. La mujer anuncia que este es su sueño.
El minicuento se alimenta de todos los géneros literarios y no literarios posibles. Puede ser escrito como una carta, como un ensayo, como una fábula, como una sentencia, como un poema, como manuales de instrucciones, como una simple lista o enumeración, como una noticia periodística, como un mito, como una definición de un diccionario, como un diario, etc., etc., pero sólo lo reconocemos, como se señala antes, si podemos levantarle una historia cerrada, precisa, coherente.
Así mismo su temática es variada: puede hablar de sueños, paradojas, sátiras, humor; recrear y adaptar mitos o inventarlos; retoma pasajes de la literatura, de la historia, cosmogonías y biografías; concibe zoologías y biologías fantásticas; se alimenta de la tradición oral, y habla, claro está, de todas las pasiones humanas: el amor, la traición, la ambición, la guerra, la dignidad, el duelo, el conocimiento, en fin, de todos los temas que abarquen nuestra imaginación.
Del minicuento sólo sabemos que en él “no cabe ni el chiste ni las divagaciones: debe ser de gran pulcritud en el lenguaje, preciso en sus imágenes, ajeno a los decorados. El minicuento apunta hacia la evocación de un mundo subyacente que cuestiona al lector, lo obliga a múltiples lecturas y le revela situaciones extrañas, imprevistas o cotidianas”.
En Colombia su origen, como género, es reciente. En 1980 apareció en Cali, Ekuóreo, revista de minicuentos, considerada la primera en Hispanoamérica dedicada exclusivamente a la difusión de este género. Con Ekuóreo pretendimos no sólo la difusión, sino la formación de narradores empeñados en su escritura. Por esa razón intentamos, desde minicuentos clásicos, mostrar las reglas de juego de ese hijo olvidado de la literatura.
Esta tarea utópica logró que un puñado de escritores consideraran esta posibilidad: Evelio José Rosero, Triunfo Arciniegas, Juan Carlos Moyano, Gabriel Jaime Alzate, Jaime Vélez, Leopoldo Berdella, Javier Tafur, Rubén Vélez y tantos otros, crecieron con la revista.
Entre los amigos cercanos que nos facilitaron sus textos, redescubriendo su importancia y valor, estuvieron Manuel Mejía Vallejo, Fanny Buitrago, Mario Escobar Velásquez, Elkin Restrepo, Jotamario Arbeláez, William Ospina, Jairo Aníbal Niño, Héctor Rojas Erazo y Luis Fayad.
Últimamente el minicuento en Colombia se ha acercado hacia una tendencia realista logrando mostrar momentos reveladores, de gran tensión, momentos comprimidos que señalan desde lo cotidiano la historia reciente del país.
Harold Kremer
Nació en Buga, Valle, en 1955. Cuentista y cronista, dirige la revista Ekuóreo, dedicada al minicuento. También es autor de las antologías del cuento vallecaucano, del minicuento y del cuento colombiano. Ha ganado el Premio Nacional de Cuento de la Universidad de Medellín, el Premio Casa de la Cultura de San Andrés y el X Concurso del Cuento Breve del Municipio de Samaná, y publicado los libros de cuentos La noche más larga, Rumor de mar, El prisionero de papá, La cajita cuadrada, El combate y El enano más fuerte del mundo. Tiene una novela inédita. Es profesor universitario y dirige talleres de cuento y de crónica.
EL DERRUMBADO: SILENCIO E HISTORIA

Sitio histórico fue donde se llevó a cabo la batalla del 22 de febrero de 1860.
Comandada por el general José María Obando quien fue el encargado de debelar la rebelión conservadora del norte del Valle del Cauca.
Comandada por el general José María Obando quien fue el encargado de debelar la rebelión conservadora del norte del Valle del Cauca.
19 de junio de 2008
DESPUÉS DE ESCRIBIR, BUENO ES DEGUSTAR
"La minificción es la clave del futuro de la lectura, pues en cada minitexto se están creando, tal vez, las estrategias de lectura que nos esperan a la vuelta del milenio".
Lauro Zabala
Leer un texto quiere decir convertirlo en sonidos, en voz alta o en la imaginación, sílaba por sílaba en la lectura lenta o a grandes rasgos en la rápida, acostumbrada en las culturas altamente tecnológicas. La escritura nunca puede prescindir de la oralidad.
Walter J. Ong
Walter J. Ong
"No hay recetas mágicas. Cada escuela, en función de las características personales y culturales del alumnado y del contexto social en que se inserta, debe inventar las estrategias más adecuadas para crear en torno a ella una comunidad de lectores y escritores, y para persuadir a los estudiantes de que leer y escribir son actividades sociales y no sólo tareas escolares".
(Luz Elena Rodríguez y Carlos Sánchez Lozano. En entrevista a Carlos Lomas)
NUESTROS PRIMEROS MICRO RELATOS:
LOS PERROS DEL COMISARIO
Siempre fueron fieles al comisario en sus labores de hacer el bien a la fuerza. Un día inexplicablemente el comisario los trató muy mal; por esta razón los perros hicieron una reunión y decidieron vengarse atacándolo cuando menos lo esperara.
Gissell Patiño Hoyos (Grado 8.1)
En una noche oscura
un gato buscaba que cenar.
De repente vio una paloma
que no podía volar.
Días después,
¡Vaya sorpresa
se llevó el comensal!
ya no tenía patas,
sino alas
para planear.
Mayra Alejandra Cardona (Grado 8.1)
SORDERA
Una mariposa se posó sobre una flor, y de pronto, una avispa con su aguijón la atacó. Otra que por allí volaba le preguntó:
_¿Te picó?_Me acarició.
Paola Andrea Díaz (grado 8.1)
ARCO IRIS
Sus colores hicieron que se volviera muy famoso en todo el océano; sin embargo, vivía acomplejado. Por esta razón decidió ahogarse en un vaso de agua.
Mayra Alejandra Cardona (Grado 8.1)
JUEGO
El balón cayó donde descansan las viejas glorias. Todos, incluyendo a su dueño, decidieron que fuera por él; así me temblaran más las piernas. Entré. Solo que cuando ya lo tenía en mi poder, un esqueleto proponía a los demás que aprovecharan para jugar al bobito.
Juan Sebastián Castillo Patiño
Una noche no conseguía dormir. De pronto, distinguí una luz a través de la ventana, luego escuché ruidos en el techo. ¿ Qué hacer?, atemorizado subí los escalones que van hacia la terraza y lo que vi no lo podía creer: era Artificius. Bastó sólo una mirada para saber que podía viajar con él. Me divertí mucho esa noche y cuando regresamos a casa, le pregunté si podía volver a hacerlo. él sonrió, fue cuando desperté. Encontré una nota que decía: ¿Te gustó el paseo ?
Brian Figueroa Hoyos (Grado 7.4)
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CUESTIONARIO PARA GRANDES CUENTISTAS
El profesor y crítico literario Betuel Bonilla me mandó un cuestionario sobre la poética del cuento. Aquí van sus preguntas y mis respuestas.
Tal parece que el diez es el número de los cuentistas, al menos si partimos de los decálogos de Quiroga, Onetti y Bolaño. Tal parece que diez puntos son suficientes para razonar sobre el oficio de escribir cuentos. Entonces, nada más pertinente que diez preguntas, formuladas a diez grandes cuentistas, para que en diez renglones nos compartan los secretos de su quehacer, su apreciación sobre el oficio y el género del cuento.
1. El racionalista Platón planteó en Ion, su diálogo de juventud —lo pensó para la poesía—, que en la creación opera algo así como la inspiración, es decir, un argumento claramente romántico. El romántico Poe, por el contrario, en su “Método de la composición”, plantea la tesis de la creación como algo sumamente racional, de puro oficio. ¿Cómo opera esto en tu creación, cómo concilias los dos elementos en el momento en que decides que vas a escribir un cuento?
- Nadie niega que el trabajo, ese “noventa por ciento de transpiración”, es el elemento clave en el proceso de la creación. Pero también es cierto que hay días más fecundos que otros y que a veces un autor escribe cosas extraordinarias que no corresponden a su manera de escribir y de pensar. La única explicación que se me ocurre para explicar estos momentos se llama inspiración. Dejarle este mérito a las musas es cursi, amén de injusto, lo acepto. Pero negar ese misterio o reducirlo todo a cuestión de sinapsis y axones me parece simplista, amén de antirromántico.
2. Aunque el problema de las definiciones tiene siempre sus dificultades, podrías definir, aunque sea de manera provisoria, qué es para ti un cuento.
-Los cuentos deben ser tensos y tener un final (que haya o no un comienzo, es negociable). El buen cuento puede tener frases sin verbo, prescindir de la poesía, de los finales brillantes, de lo que usted quiera, pero no de tensión. Sin ella, el “cuento” es un bodegón, una postal, un fragmento de novela, un merengón literario.
3. Algunos escritores dicen andar libreta en mano a la caza de fragmentos de la realidad que les puedan servir como disparadores para la escritura. Otros afirman que la imagen simplemente llega y ya, está la semilla del cuento. En tu caso ¿cuál es ese momento inicial para la escritura de tus cuentos?
-Bueno, yo no cargo libreta, mi exhibicionismo no ha llegado a esos extremos… A veces el cuento está tirado en la calle y sólo es cuestión de recogerlo. En ocasiones se obra more geometrico: nos decimos: la lotería (o el sexo, o el homicidio, o la sabiduría) es una obsesión universal, y a partir de esa nada inventamos un mundo. El “momento inicial para la escritura” es demasiado serio como para estar improvisando. Por eso le doy vueltas al asunto en la cabeza unos días y sólo cuando tengo un cigoto sólido me atrevo a coger papel y lápiz. Como ves, puros nervios, querido Betuel, otro misterio del oficio.
4. En esa biblioteca de preferencias que todos tenemos, parafraseando a Borges, ¿cuáles son esos diez cuentos memorables que no podemos dejar de leer?
-Continuidad de los parques (Cortázar), Taibel y el demonio (Singer), Tlön, Uqbar, orbis tertius (Borges), La aventura de Tse-i-La (Villiers de L’isle Adam), Necesitaba una historia de amor para contarla (Roberto Rubiano), El rey del Honka monka (Tomás González), La última carta (José Zuleta), A la diestra de Dios Padre (Tomás carrasquilla) Al final del coche cama (Óscar Collazos), Un recuerdo de navidad (Truman Capote), La sangre en el Jardín (Ramón Gómez de la Serna), Enoch Soames (Max Beerbhom), Los ganadores de mañana (Holloway Horn), El brujo postergado (don Juan manuel).
5. He leído en alguna parte que Roberto Arlt no era lo que se dice un buen escritor, incluso, se afirma que escribía mal; sin embargo, qué cuentos los suyos, cómo nos llegan hasta el fondo. ¿Cómo es posible eso? En tu caso ¿en qué te fijas a la hora de juzgar el mérito de un buen cuento?
-Cortázar inventó el término significación para explicar (o explicarse a sí mismo) su amor por los cuentos malos, como los de Arlt y Chejov. Bueno, soy injusto, Arlt no es tan malo como Chejov… pero ¿cuál era la pregunta? Ah, gracias. Hasta la semana pasada pensé que los cuentos de ingenio eran lo máximo. Hoy he entendido que el “cuadrivium” precisión, humanidad, cinismo y tensión es suficiente. Es decir, que cuentos sin ingenio pero cargados de humanidad y buena prosa (por ejemplo Cartas a mamá, de Cortázar) pueden llegar a ser inolvidables.
6. La idea del libro de cuentos “redondo” es casi un espejismo, una ilusión. Leemos en algún libro un buen cuento y de repente, el siguiente, ya no nos gusta tanto. Podrías indicarnos cuáles son esos diez libros de cuentos redondos, en el que ninguna pieza falla.
-Tal vez las antologías que compilaba Hitchcock sean los únicos libros de cuento rigurosamente esféricos. Pero estoy seguro de que los deslices de libros como Borges, Cortazar, Poe, Bashevis Singer, Capote y Steinbeck son imperceptibles, y que sus errores tienden a cero.
7. Un problema con los cuentos es la poca difusión, la poca circulación, como si pareciera que un cuentista no es digno de habitar en el canon literario. ¿A qué crees que de deba esa especie de paternalismo de la novela sobre el cuento?
-No lo sé. Tal vez todo se deba mal gusto de la especie. Un cuento –alguien lo dijo– es una novela depurada de ripios.
8. Podrías plantear, otra vez de manera provisoria, una especie de decálogo personal del género.
-a) el argumento es el protagonista. b) sin tensión no hay cuento. c) los personajes no tienen que estar muy definidos. d) el final puede ser previsible pero no lánguido. e) las soluciones oníricas hieden. f) las sobrenaturales decepcionan. g) los temas edificantes (amistad, ecología, socialismo, etc) son “salaos”. h) en cambio los asuntos viles funcionan divinamente. i) nunca meta 14 personajes en el primer párrafo. j) no imite a los maestros: sus limitaciones quedarán en la más estruendosa evidencia. k) si esto le parece muy complicado, haga novelas: hasta los novelistas pueden.
9. En el momento de la escritura parece existir una especie de pulso con el tema para decidir entre el cuento y la novela. ¿Cómo sabes tú que el tema que tienes entre manos da para un cuento, por ejemplo, y no para una novela?
-Es fácil: con la literatura sólo se puede hacer tres cosas pensar, cantar o contar. Cuando quiero pensar hago ensayos, si tengo una emoción atravesada escribo un poema, y si quiero contar algo echo mano de la narrativa, a saber: si tengo un buen argumento hago un cuento; cuando sólo tengo deudas, escribo novelas.
10. ¿Podrías sugerirnos diez pequeñas ideas para que los jóvenes cuentistas se ejerciten en la escritura de cuentos?
-El encuentro de Bolívar y San Martín; un jugador de póker que se juega la plata de su patrón, ¡y pierde!; por pura broma le propones salir a la más divina del colegio… ¡y acepta!; Pepe, el chico más popular del colegio, empieza a sentir una atracción irresistible por Mauricio, su mejor amigo; mañana es la final del campeonato, tú eres el goleador, un mafioso te manda una suma que te marea para que no la metas; un borracho te regala el argumento del mejor cuento del mundo y se te olvida; anoche descubriste que tu novia es una prepago; sólo tú perdiste el año en la escuela, todos tus amigos se irán para el colegio; el comandante Santos te ordena poner una bomba en la ciudad (tú puedes escoger el punto).
SOBRE EL AUTOR:
JULIO CÉSAR LONDOÑO. Vivo en una pieza de una casa de Palmira. Todas las mañanas viajo hasta el patio, donde construí un estudio junto al palo de chirimoyas. Allí escribo cuentos, ensayos y artículos de prensa. Gozo de cierto prestigio en la cuadra desde que gané el Premio Juan Rulfo en París (1998). Escribo en todos los medios nacionales, y en todos me pagan una miseria por mi trabajo. Por fortuna no saben que me divierto tanto escribiendo que estaría dispuesto a pagarles porque me dejaran hacerlo. Doy gracias a la vida por ser esa cosa exótica, pedante y casi feliz, un hombre de letras.

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